Davide Ortu

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Nacido el 17 de Septiembre de 1987 en Cagliari, Cerdeña. Pintor minucioso y preciosista, hace gala de una simbiosis experta entre composiciones bellas y estables con una fuerte carga simbólica, acercándolas mucho al terreno iconográfico de los siglos XIII al XV. De carácter intrincado pero a su vez sencillo y legible, a menudo plantea incógnitas visuales en forma de autorreferencia que exigen el mejor de los ingenios por parte del visitante y observador. En la actualidad compagina esta labor con la de ilustrador digital para varias editoriales.
El eje por el que se sustenta y vertebra todas las obras de Davide Ortu recibe el nombre de ambigüedad. Ambigüedad nacida de la eterna lucha y tensión de elementos contrarios, que rozan desde humanizar lo divino y viceversa, hasta la consecución y plasmación de un canon personal de belleza, algo que le ha válido cierta controversia y disparidad de opiniones.

Profundamente influido por el poder de la novela, y en especial toda aquella relacionada con Isabel Allende, el autor imprime siempre en sus creaciones un toque de realismo mágico. Al contrario que muchos artistas, que se apoyan en vivencias personales para elaborar la temática de la obra, Davide Ortu opta por transmitir historias externas a su vida. Más dado a reinventar situaciones y personas desde nuevos puntos de vista no tratados, el artífice elabora todo un ejercicio de imaginación ucrónica en la que se plantea nuevas metas o inquietudes que los maestros flamencos y renacentistas del pasado no supieron ver en su momento. Por ello el retrato cobra fuerza en sus representaciones y se erige como uno de los más usados por el autor. Con una paleta cromática oscura que afecta a la luz y la atmósfera de la composición, se incide en el hecho de la oscuridad como elemento asfixiante. Quizás esto deba a la influencia de la pintura del siglo de Oro español, en el que el fondo y la luz quedaban supeditados al enmarcado y ensalzamiento de la figura representada.

A la hora de retratar al ser humano, siempre lo plantea como un lienzo en blanco, llevado a la mínima expresión como punto de partida de toda su simbología subyacente. Son cuerpos vacíos, carentes de sexo o andróginos en su mayor parte, que responden únicamente a la emoción contenida, a la apatía y al vacío de sentimiento.

En su construcción, establece jerarquías y estructuras muy definidas que estipulan y ordenan todo un mensaje no verbal (a pesar de que en algunas de sus obras sí aparezcan pequeñas referencias escritas en lenguas clásicas con un toque de veladura) que construye la historia del retrato, aunque ello no impida a veces establecer una cierta espontaneidad del trabajo prefijado. Siempre parte un triángulo visual simétrico, estable, formado por las manos y la mirada, principales vehículos de la expresión transmitida, del mensaje concreto. Una vez lograda la hazaña, define el sexo del sujeto, que suele ser la mujer, como perfecto símbolo de la ambigüedad emotiva. Se trata en definitiva, de condensar todo un maravilloso folclore ideado por el autor en una fuerza visual, única e impactante, cercana a las imágenes iconográficas bizantinas y flamencas. En un mundo donde la información es sobresaturación de contenidos, Davide Ortu aboga por el proceso contrario, de lo extenso a lo mínimo, obligando al espectador en el proceso a elaborar, investigar y dilucidar el posible y enigmático cuento que se nos está narrando. Lo que para algunos está tarea pueda parecer ávida y sumamente estimulante, para otros quizás no sea una experiencia del pleno satisfactoria. De ahí que el autor sea consciente de que su obra no es apta para todo el público, aceptándolo en el proceso como una herramienta sumamente vital de auto mejora en su estilo.

De todo lo expuesto anteriormente, en cuanto a técnica y motivación se refiere, habría que añadir la inquietud de este innato creador por romper con la sensación de autoridad e imposición que muchos cuadros transmiten a lo largo de nuestro legado cultural occidental. La exposición tiene lugar en la sala “La Hojalateria”, con una puesta en escena muy especial, afín de potenciar la máxima atención e interacción con el visitante bajo una atmósfera de complicidad y recogimiento. Para Davide Ortu, las obras expuestas nacen, crecen y mueren siempre en el mismo espacio en el que son expuestas, como una rueda cósmica que personifica el eterno devenir de las cosas. Pero que a su vez, es capaz de transportarnos con un enfoque mágico a eso que llamamos realidad.