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Editorial

El museo que se obliga a la responsabilidad con las sociedades es el museo del siglo XXI. Todo lo humano me conmueve, cada gesto cada trazo, cada imagen de esta exposición goza de una especial sensibilidad hacia aquello que nos afecta. Este Museo apuesta de una manera inequivoca por la belleza intrinseca de cada artista, por su obra comprometida y cargada de mensaje, por esa parte humana y sensible capaz de conmovernos con cada lenguaje empleado para generar arte. Cada uno de los autores ha explorado en alguna de las rabias, los horrores o los defectos de una sociedad que lógicamente deberia afectar al proceso creativo de cualquier autor. No se puede obligar a un artista a generar un arte comprometido, pero como agradecemos cuando algunos de ellos se entregan a esa pasión y nos ayudan a reflexionar y a enfrentarnos con el espejo del miedo en que nos hacen vivir los medios de comunicación, los politicos y las grandes corporaciones que gobiernan nuestro día a día. Tengamos al menos la posibilidad de ser una isla donde expresarnos, relacionarnos y juzgarnos como sociedad consciente del mundo en que vivimos. Esta exposición invita a realizar un transito por los diversos aspectos de lo social, de las graves pasiones que gobiernan nuestro cotidiano y el de nuestros hijos. Es responsabilidad nuestra reeducarnos poniendo en su justa medida y lugar aquello que nos axfisia y que nos roba una parte de la felicidad que sin duda merecemos. David Nieto en su inteligente actitud preventiva nos muestra una via casi sanitaria que nos aleje de los males que contaminan y envenenan nuestra salud como sociedad. Ana Devora que incide en la parte fragil del ser humano, la escuela como simbolo de formación y construccion de individuos libres y solidarios, está lamentablemente devastada e impregnada de un lamentable tufo a rancio. Rafael Peñalver desde una mirada madura, que no condescendiente, nos confronta de manera aterradora al panorama desolador de las pantallas y la era de la información deshumanizada, una obra que recorre los ultimos 15 años de un mundo que parece no tener remedio ni redención y para finalizar Jaqueline Bonacic-Doric que nos sumerge en una batalla campal que denuncia desde el color de sus pinceles, el secuestro, el horror, el panico que el propio hombre genera a sus semejantes. En esta ocasion el camino recorrido finaliza en la necesaria vuelta atras de la historia. Una consciente maquinaria que deberiamos arrancar como un generador de cambio para nuestras vidas.

La Neomudéjar
Abril 2016

 

The 21st century museum has to be responsibly committed to society. I am moved by the human experience, every gesture, every stroke, every image in this exhibition displays a special sensitivity to our everyday struggle. This museum is unequivocal for portraying the inner beauty in each artist’s work, for delivering engaged work that is loaded with meaning, for showing sensitive, human work that can move us with its art language. Each of the artists has delved deep in their inner anguish, the horrors and flaws in society that should naturally affect artists’ creative process. One cannot expect artists to create socially engaged art, so we are grateful to those that throw themselves to it with passion. These artists help us face and reflect on the mirror of fear the media, politicians and big corporation make us live in as they rule our day to day. Let us at lease be able to keep an island in which to express ourselves, meet one another and be conscious of the world we live in. This exhibition takes us on a journey through all the different aspects of the social, the big passions that govern our children and our everyday. We need to educate ourselves. We need to acknowledge what oppresses us, what takes a well-deserved happiness away from us. David Nieto has a clever preventive attitude. His is a sanitized journey that takes us away from the evils and poisons of this world. Ana Devora deals with education. School, for this artist, could be the place to make people free and solidarity conscious. However, the system has devastated it and left it rank. Rafael Peñalver presents a horrifyingly desolate landscape of screens in the era of dehumanized information, a disparaging view of the world of the last fifteen years. He does this in a mature yet not at all condescending way. Jaqueline Bonacic-Doric inserts us in a full-blown battle of denunciation. Her brushes use colour to denounce the horror, the deprivation, panic and horror that people inflict on one another. In this instance, the artist takes us back to the past, giving us an engine with which to start up change in our lives.

La Neomudéjar
Abril 2016