Tino Calabuig // Mata Caín

Exposición
del 16 de Octubre al 22 de Diciembre de 2019

Mata Cain es una obra audiovisual que versa sobre la maldición que Dios como castigo le dijo a Eva: «Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti» (Génesis 3:16), que Adán debería trabajar para comer (Génesis 3:19) y que ambos morirían. Los hijos de Eva y Adán fueron Abel y Caín.
Abel, significa «El que estaba con Dios», es el segundo hijo de Adán y Eva. Abel fue asesinado por su hermano Caín, quien envidiaba la satisfacción divina con las ofrendas de Abel.

De acuerdo al relato, la suya fue la primera muerte de un ser humano. Desde mi punto de vista este hecho marca la permanente vigencia del crimen en la naturaleza humana desde su origen. En Mata Caín los coros y los solos de hombres y mujeres se superponen en un enjambre de voces que se repiten en una dramática petición de muerte, la muerte es el castigo, la muerte es la
venganza, la muerte es por el odio, la muerte es por la envidia, por el amor, por la maldad, por la bondad, por el placer…

Es cierto que en algún momento resonarán las voces de «Caín, no mates», voces sin esperanza.
La violencia mortal humana es atávica, quizá no desaparecerá nunca como tampoco las matanzas por religión, ideología política, raza o etnia o la violencia de género.

Estamos a un tiro de piedra de los 50 millones de muertos,(la mayoría civiles que produjo la Guerra Mundial), más cerca de 1 millón de victimas en Ruanda, más cerca aún de la Guerra de Bosnia, al lado de clanes que exterminan a sus contrarios, que lapidan a las mujeres acusadas de adulterio, que las desfiguran el rostro con ácido. La «violencia de género» es heredera de Caín, el machismo atávico es consecuencia del castigo de Dios a Eva y Adán.

En España vivimos hace ochenta años una etapa tenebrosa, donde una nube de muerte oscureció durante muchos años el cielo azul de España. Al término de la guerra civil, cuando la ansiada paz hubiera podido ayudar a cicatrizar las heridas producidas en la contienda cainita, el régimen vencedor emprendió una etapa de acoso y persecución materializada en cárceles, juicios ilegales y decenas de ejecuciones contra los españoles derrotados.

En esta obra quiero desenterrar la memoria perdida de aquella infame etapa, no para escarbar en las heridas sino para recuperar esa memoria como una mirada de reconciliación y lucidez ante un pasado injusto y doloroso.

Tino Calabuig