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30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita

Artista: David Palacios – Título: Patrón de prueba – Año: 2023

 

30 años de irreverencia y visión en la Colección Fuentes Angarita

25 Feb – 26 Abr 2026

Un recorrido por tres décadas de resistencia, identidad y pensamiento crítico.

Con más de 100 obras y 68 artistas, esta exposición no es solo una muestra de arte contemporáneo; es el archivo vivo de una de las colecciones privadas más significativas del arte político en América Latina. A través de la mirada de la artista y coleccionista Andreína Fuentes Angarita, nos adentramos en un territorio donde el arte no ofrece respuestas cerradas, sino que activa una revolución íntima del pensamiento.

Bajo la curaduría de Néstor Prieto y Omar Castañeda, la exhibición se despliega en cuatro estaciones que funcionan como territorios de reflexión sobre el «yo colectivo», la experiencia de la diáspora y la identidad queer.

Venezuela: Cartografía de una herida
Venezuela no es solo un país: es una herida que se mueve.


Una geografía atravesada por promesas incumplidas, por excesos y ausencias, por una riqueza que brilló como un espejismo y terminó revelando su fragilidad. En las últimas tres décadas, su historia se ha escrito entre la euforia y el colapso, entre el deseo de justicia y la erosión de lo común.

Durante años, el petróleo sostuvo la idea de un futuro asegurado. Fue materia prima y mito fundacional, motor de bienestar y también de dependencia. Con la llegada de la Revolución Bolivariana a finales del siglo XX, ese recurso se transformó en promesa de redistribución, en lenguaje de dignidad y en un intento de reescribir la historia desde los márgenes. Hubo avances, esperanzas compartidas, un imaginario colectivo que creyó posible otra forma de pertenecer.

Pero la promesa se tensó. El tiempo expuso las grietas: instituciones debilitadas, economías cerradas sobre sí mismas, un poder cada vez más concentrado. Cuando el precio del petróleo cayó, el país cayó con él. La crisis dejó de ser coyuntural y se volvió cuerpo: hambre, escasez, hiperinflación, silencios impuestos, palabras censuradas. Venezuela comenzó a doler desde dentro.

La herida no tiene una sola causa ni un único relato. Es el resultado de fuerzas superpuestas: decisiones internas, errores estructurales, disputas ideológicas, presiones externas, sanciones y guerras económicas invisibles. Todo ocurre al mismo tiempo. Todo deja marca.

De esa herida nace la diáspora. Millones de cuerpos desplazados que cargan la nación a cuestas, repartida en acentos, recuerdos y gestos mínimos. Venezuela se desborda de su territorio y se convierte en experiencia fragmentada: en tránsito, en espera, en reconstrucción constante.

Esta sala no busca explicar Venezuela, sino escucharla. Las obras aquí reunidas no ilustran una crisis: la atraviesan. El cuerpo aparece como archivo político, la memoria como materia inestable y la identidad como territorio en disputa. En este contexto, la Colección Fuentes Angarita se presenta como un archivo vivo, una forma de resistencia frente al olvido y la simplificación. Desde una mirada queer y profundamente situada, la colección propone una lectura del “yo colectivo” venezolano como algo múltiple, desplazado y en permanente reconfiguración.

Venezuela. Cartografías de una herida es un espacio para detenerse y mirar sin cerrar los ojos. Aquí el arte no sana: insiste. Insiste en recordar, en resistir y en imaginar futuros posibles incluso cuando el presente duele.

La memoria tiene forma de cuerpo
El cuerpo no es un hecho.
Es un acontecimiento.

No es una forma fija, sino un territorio en transformación constante: prótesis, archivo, herida, máscara, deseo.Esta sala propone pensarlo como un cuerpo vivo: un cuerpo que cambia, que resiste, que se re-configura incluso cuando el poder intenta fijarlo, nombrarlo, reducirlo.

Paul B. Preciado nos recuerda que “el género no es identidad, es prótesis”. El cuerpo no precede al discurso: se construye, se interviene, se reescribe. Judith Butler, al hablar de performatividad, desestabiliza toda idea de esencia: el cuerpo no expresa una verdad interior, sino que se produce en el acto, en la repetición, en el gesto que insiste.

Desde esta mirada, el cuerpo trans, el cuerpo queer, el cuerpo migrante, el cuerpo enfermo, el cuerpo que protesta, no son desviaciones de una norma, sino la evidencia de que toda norma es frágil.

Cuando los retrocesos simbólicos intentan borrar los signos de diversidad —como el descenso de la bandera del orgullo en espacios públicos de Nueva York— se hace visible aquello que el poder preferiría ocultar: el cuerpo sigue siendo un campo de disputa. Quitar una bandera no elimina el deseo. Solo confirma que el deseo es político.

El cuerpo trans, como plantea Susan Stryker, es un cuerpo ensamblado, híbrido, capaz de convertir la injuria en fuerza. Donna Haraway lo formula con claridad radical: “We are all chimeras”. No existe un cuerpo puro. Todo cuerpo es mezcla, tecnología, historia, ficción. Todo cuerpo es relato en proceso.

Objetos que me miran de vuelta: Coleccionar la insistencia.
«No quise el objeto. Quise lo que no podía decir». Esta sala explora la lógica del deseo detrás del coleccionismo. Aquí los objetos han dejado atrás su utilidad para convertirse en signos de afecto y memoria. Se presentan piezas singulares y disruptivas que operan desde el desplazamiento y el pequeño gesto. Coleccionar, en este contexto, es una forma de resistencia suave: salvar fragmentos del flujo acelerado del mundo para evitar que el olvido los devore.

Andreína Fuentes Angarita: El cuerpo como archivo
Para Fuentes Angarita, coleccionar y crear son respiraciones que se acompañan. Esta sección destaca su faceta como artista, donde lo político se manifiesta a través de identidades poliédricas. Personajes como Superwoman, Miss Wynwood o Doña Delincuente desmontan las narrativas normativas desde el humor y la ironía. Desde el pasaporte convertido en frontera portátil hasta la «digestión política» de la demagogia en Tremendo Cambur, su obra afirma que lo personal es, inevitablemente, un campo de batalla.

La Colección Fuentes Angarita nos invita a mirar sin cerrar los ojos. En un mundo convulso, estas obras insisten en recordar, en resistir y en ensayar futuros posibles, incluso cuando el presente duele.

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