Flavia Vassallo. Urdimbres de sombras
Del 4 de Noviembe al 20 de Diciembre de 2026
La luz encuentra un borde, atraviesa un vidrio, se desvía. En ese encuentro, una forma empieza a desbordarse. Su presencia se prolonga sobre la pared, se multiplica en sombras y transparencias, abre distancias entre el objeto y aquello que proyecta. Flavia Vassallo trabaja en ese intervalo: allí donde la materia da paso a un acontecimiento que nunca termina de fijarse.
El Museo La Neomudéjar presenta esta exposición como resultado de la residencia artística de Flavia Vassallo en DAT —Distrito del Arte Torrijos—, el nuevo proyecto del Museo La Neomudéja en Torrijos, Toledo. Desarrollada como una residencia de intercambio en colaboración con Hiperespacio, de Montevideo, Uruguay, la experiencia vincula ambos contextos a través de la investigación y la producción artística. La muestra reúne los resultados de ese proceso y los abre a un nuevo encuentro con el espacio y con quienes lo recorren.
Con una práctica artística lumínica situada entre la escultura, la instalación y el arte cinético, Vassallo investiga las relaciones entre luz, materia y percepción. Su conocimiento de la iluminación se entrelaza con una experimentación artesanal que reúne vidrios, fuentes luminosas y dispositivos mecánicos. Cada elemento interviene en un sistema de relaciones: las inclinaciones, las distancias y los puntos de incidencia determinan la aparición de imágenes cuya existencia depende de ese equilibrio.
En las obras, pequeños planos de vidrio se ordenan en disposiciones radiales o secuencias que recuerdan una urdimbre. Desde ellos se extienden haces, zonas de color y sombras alargadas. Amarillos, turquesas y rosados se cruzan sobre el fondo, mientras los contornos se duplican y pierden nitidez. La precisión de los ensamblajes convive con la expansión de sus proyecciones. En otras piezas, un único elemento basta para desplegar una presencia que excede ampliamente sus dimensiones. La escala de la obra se vuelve, así, una relación entre lo que ocupa y lo que alcanza.
Esta investigación reivindica también, una tradición latinoamericana que convirtió la luz y el movimiento en herramientas para interrogar la estabilidad de lo visible. En las experiencias lumínicas de Julio Le Parc, los reflejos y las variaciones desplazan la idea de una obra definitiva hacia una situación perceptiva abierta. La argentina Martha Boto exploró, por su parte, las posibilidades de los materiales transparentes y reflectantes para articular luz, color y movimiento. Su trabajo permite reconocer la participación fundamental de las mujeres en la construcción del lenguaje cinético. Más que establecer una filiación directa, estas proximidades sitúan la propuesta de Vassallo en una conversación compartida sobre la capacidad de la materia para producir imágenes que la exceden.
Dentro de esa conversación, Vassallo propone una relación íntima con el fenómeno luminoso. La luz es su lenguaje y también su caudal: una energía a la que ofrece caminos, obstáculos y superficies de encuentro. La atención se concentra en lo que sucede entre los elementos, en una interferencia, una superposición o un borde de color que parece desprenderse del vidrio. Mirar exige conceder tiempo a esas relaciones.
Se produce entonces una paradoja: la obra cambiante invita a detenerse. La luz parece suspender el tiempo precisamente porque hace perceptible su transcurso. Cada configuración contiene la posibilidad de desaparecer, de ceder su lugar a otra. Lo que vemos adquiere la intensidad de algo que está ocurriendo y que no podemos retener por completo.
La sombra participa de esa misma condición. Lejos de quedar relegada al fondo, introduce espesor, distancia y duración. Acompaña a la luz y, en ocasiones, adquiere una presencia mayor que el objeto que la origina. La obra se reparte entre el vidrio, el resplandor y esa zona oscura que también construye la imagen. Si la iluminación cesa, una parte decisiva de ella desaparece: permanece el dispositivo material, a la espera de que sus relaciones vuelvan a activarse.
En este umbral puede reconocerse una dimensión espiritual ligada a la experiencia sensible. Una forma de recogimiento ante algo que se manifiesta sin dejarse poseer. La luz ocupa el espacio sin ofrecer un volumen que podamos asir; nos permite experimentar una presencia cuyo alcance rebasa sus soportes.
Presentar los resultados de la residencia supone, desde esta perspectiva, compartir un momento de una investigación que continúa. Entre Montevideo, Torrijos y Madrid se traza también una urdimbre de encuentros y desplazamientos. En ella, las obras de Flavia Vassallo abren caminos a la luz y nos invitan a permanecer atentos a lo que aparece, se transforma y se desvanece.