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La dulzura que habita en la bestia dormida – Teres Ramón

LA DULZURA QUE HABITA EN LA BESTIA DORMIDA

TERESA RAMÓN

El espejo intimo

La producción de Teresa Ramon es de una genuina independencia. Su carácter refleja, no solo su personal enfoque de temáticas que operan en el orbe del mundo de la mujer, sino que consciente de que su irrupción en la escena del arte, como mujer pintora, iba a suponer un ejercicio de impulso y dimensionalidad que pudiera generar la pelea en igualdad de condiciones que sus compañeros hombres. Es por ello que Teresa Ramon, ha generado obra de dimensiones gigantescas, siempre con el objetivo de batirse con la “La dulzura que habita en la bestia dormida”.

Cuando enfrentas la pintura de Teresa Ramon, hay un primer encuentro con la extrañeza, de inmediato uno sabe que esta ante alguien que reta el arquetipo de la mujer artista. Su gesto, su versatilidad e intereses no operan en los modismos. Es la obra de Teresa, íntima al tiempo que cotidiana. Sus temáticas operan en un imaginario por veces afectado por lo monstruoso, por veces por un costumbrismo del día a día. Se entrelazan en su producción dulzura y crueldad con planos de metalenguaje y simbologías ancestrales que remiten a una mitología propia.  “Se refleja en su producción un genuino espíritu de rebeldía, de inconformismo, tanto en lo temático como en lo formal. Su producción de retratos, genera un multiverso de percepciones, posicionamientos e intereses de la tradición pictórica con la que Teresa se encara como mujer artista en un juego cara a cara con la tradición de los grandes nombres mayoritariamente hombres artistas, que siempre acaparan la narrativa oficial.

En su producción aparecen inquietudes que han afectado a la búsqueda de una impronta personal que le permitiera dialogar desde la practica pictórica, con los territorios que han ido formando parte de su devenir como artista. Italia, Dominicana, Francia, Marruecos, han sido países que han generado un tamiz cromático que permea sobre su trazo pictórico y compositivo. La pintura expresionista y surrealista de la aragonesa, ha destacado por la investigación sobre materiales y técnicas generando  una narrativa personal llena de simbolismos, cercanos a veces a un universo mitológico. No es extraño ver en sus obras simbologías ancestrales, de una conexión metafísica con algo que subyace entre un surrealismo y un expresionismo que posiciona su obra en un dialogo abierto con las corrientes más arriesgadas de la pintura actual. Podríamos asertar que su producción es de esas obras que van a permanecer e incrementar su presencia en museos y colecciones del siglo XXI y que su posicionamiento en el mundo del arte es de facto incontestable. Ha tenido el acierto Teresa Ramon de desnudarse ante la cámara, consciente de que su obra debía ser narrada y explicada desde su cuerpo, su rostro su mirada. El documental ‘Carrasca’, de Alejandro Cortés Calahorra, que participó en la Seminchi, da testimonio de que hay en la obra de Teresa Ramon, complejidad, dureza, atrevimiento y riesgo, así como una vulnerabilidad extrema, que protege de las bestias que a menudo la azotan y que tan magistralmente recoge en su bestiario.

Tiene la ironía a flor de piel, consciente de tener que medirse con un universo clasista, territorio de hombres que vetan a las mujeres en el arte, Teresa juega a confrontar lo establecido, a dar testimonio que como mujer, ha podido retarse al gran formato, a la monumentalidad de sus murales en lugares públicos. Esa obra, de genialidad plástica, será la que sin duda prevalezca y de fe de la dimensión de su figura como artista.