Rafael Peñalver – Rojo Sombrío
Del 14 de enero al 15 Febrero.
El Museo La Neomudéjar se complace en presentar «Rojo Sombrío», una exposición de Rafael Peñalver (Madrid, 1950) que trasciende el mero ejercicio plástico para convertirse en una liturgia de memoria y diálogo transatlántico. En esta serie, producida íntegramente en 2025, Peñalver rinde un homenaje explícito a la figura de José Guerrero, cuya obra homónima de 1964 actuó como el «big bang» emocional que despertó su vocación artística durante su adolescencia en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca.
La exposición propone un «tú a tú» entre dos generaciones de la abstracción española. Peñalver no busca la copia, sino la reactivación de los impulsos que llevaron a Guerrero a sintetizar el expresionismo abstracto de Nueva York con la hondura del sentimiento español. En estas piezas de gran formato, el lienzo se convierte en un campo de experimentación donde el artista aplica su técnica de «lienzo-paleta», generando transiciones cromáticas directamente sobre la tela para capturar una frescura e inmediatez casi performática.
La serie se articula bajo las siguientes premisas:
- Materia y Alquimia: El uso de pigmentos puros con base de vinilo permite a Peñalver un control absoluto sobre la transparencia y la mateidad, logrando superficies que absorben la luz y eliminan cualquier distracción digital.
- El Rojo como Metáfora: Partiendo de la rotundidad visual del «Rojo Sombrío» de Guerrero, Peñalver vincula este color con la tragedia de Antígona, simbolizando la tensión entre el individuo y el poder en un contexto geopolítico convulso.
- Geometría Sensible: Pese a la potencia gestual, existe un rigor heredado de su formación en física, donde la estructura geométrica actúa como el contenedor necesario para la explosión dionisíaca del color.
La visualización de estos rojos saturados y profundos cobra una dimensión inédita al colisionar con la atmósfera de decadencia industrial del Museo La Neomudéjar. La arquitectura del museo, marcada por su pasado ferroviario y sus texturas de hierro y ladrillo, potencia la carga emocional de la obra. Es, en este entorno crudo, donde el binomio de sangre y luto —ese imaginario de una «España torcida» que ya exploraron maestros como Miró— se manifiesta con toda su fuerza. El rojo de Peñalver no es solo pigmento; es un acto de resistencia intelectual frente a la deshumanización de los discursos contemporáneos.
«Rojo Sombrío» es, en definitiva, el testamento vital de un artista que, tras liderar la modernización cultural de Madrid en los años ochenta como jefe de exposiciones del Ayuntamiento de Madrid, regresa al refugio íntimo de la pintura para recordarnos que el color es el lenguaje último de la libertad.
